Embid

Embid es un municipio español de la provincia de Guadalajara, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Tiene un área de 30,20 km con una población de 44 habitantes (INE 2015) y una densidad de 1,46 hab/km.

Existió Embid como aldea desde los inicios de la repoblación del Señorío, cayendo en los límites del mismo según el Fuero de 1154 dado por D. Manrique. Siempre en el orden del Común de Villa y Tierra molinés, la señora Dª Blanca en su testamento (finales del siglo XII) dice dejárselo en propiedad a su caballero, Sancho López. Fue realmente en 1331 cuando pasó en Señorío a manos particulares, pues en esa fecha el rey Alfonso XI extendió privilegio de donación y mínimo Fuero para este enclave, disponiendo que fuera su señor Diego Ordóñez de Villaquirán, quien estaba facultado para repoblarlo con veinte vecinos, que no debían ser de otros lugares de Molina, ni siquiera castellanos, y facultándole para levantar un castillo.

En 1347, los Villaquirán vendieron Embid al caballero Adán García de Vargas, repostero del Rey, en 150.000 maravedíes de la moneda de Castilla. Su hija Sancha, en 1379, vendió el lugar a Gutierre Ruiz de Vera, y éste lo perdió por usurpación que de Embid hizo, en algarada guerrera, y como acostumbraba hacer por toda la zona, el conde de Medinaceli.

Ya en el siglo XV (1426), esta familia se lo cedió, con otros pueblos molineses, a D. Juan Ruiz de Molina o de los Quemadales, el llamado “Caballero viejo” de las crónicas del Señorío, jurista y guerrero, en cuya familia quedó para siempre. Por sucesión directa fue transmitiéndose el Señorío del lugar, y en 1698 un privilegio del rey Carlos II hizo marqués de Embid a su noveno Señor, D. Diego de Molina. Uno de sus más modernos sucesores, D. Luis Díaz Millán, fue autor de varios interesantes libros y estudios sobre Molina, y hoy se conserva el magnífico archivo de la casa en poder del heredero del título.

Fue construido en el siglo XIV por su primer señor, y luego rehecho por el “Caballero Viejo” a mediados del siglo XV. Sirvió de lugar de refugio de los castellanos en numerosas contiendas contra el reino de Aragón, cuya frontera establece.

Embid

La iglesia parroquial está dedicada a Santa Catalina de Alejandría, y es obra de grandes proporciones, construida en el siglo XVI. Se precede de ancho atrio descubierto, y muestra su portada principal orientada al sur, consistente en arcada semicircular, adovelada y con adornos sencillos de rosetas, con un cierto aire arcaizante. El interior es de una sola nave, y muestra numerosos altares de gran interés, de los siglos XVI y XVII, y alguno más barroco. Destacan los de la Virgen del Rosario, y el de San Francisco, con tablas buenas de escuela aragonesa; fue fundación, en el siglo XVI, del alcalde y regidor de Embid, D. Diego Sanz de Rillo, poderoso ganadero.

Entre las obras muebles de esta parroquia, merecen destacarse un frontal de altar en cordobán oriental, de increíble belleza; un equipo de ropajes sagrados (casullas, etc.) con los escudos de los marqueses de Embid grabados en 1733 por el bordador Rodrigo Velázquez; un cáliz de oro regalado por D. Alvaro de Mendoza, patriarca de las Indias, a esta parroquia en 1739; y una cruz parroquial románica del siglo XIII.

Son también destacables algunas casonas molinesas de típica traza: la de los Sanz de Rillo Mayoral, obra del siglo XVII con ancha fachada de sillarejo y un gran portón adintelado en el que se inscriben diversos símbolos alusivos a la dedicación ganadera de los dueños; la de los Ordóñez de Villaquirán, obra del siglo XVII también, con amplio patio anterior y entrada sencilla adintelada; y la del Dr. Martínez Molinero, también llamada “la casa del Vínculo”, obra del siglo XVIII con portada adintelada y gran dovelaje y jambas de bien labrado sillar, mostrando encima un curiosísimo escudo emblemático, en forma de jeroglífico, que viene a relatar la historia de la familia.

Embid

A la entrada del pueblo se ve una sencilla picota, y a la salida, hacia Aragón, la ermita de Santo Domingo de Silos, edificio religioso popular del siglo XVIII, enclavado en ameno prado.